Cómo actúan las imágenes en nuestro cuerpo

De los miles de pensamientos que nuestra mente procesa cada día, al menos la mitad son imágenes negativas, algo que nos hace muy susceptibles a numerosas dolencias. En cambio, si se aprende a dirigirlas y controlarlas adecuadamente resultan saludables. ¿Sanar mediante imágenes? Los defensores de la visualización sostienen que son una potente herramienta curativa que ha sido pasada por alto en la medicina occidental, a pesar de que chamanes y sacerdotes de todas las épocas vienen empleando técnicas deliberadamente diseñadas para fortalecer los poderes visuales y así alcanzar un estado de relajación y unidad mental.

Las imágenes forman parte esencial de técnicas específicas de relajación. Existen tipos diferentes en función de la aplicación. La mayoría de ellas empiezan con la relajación y van seguidas de la recreación de una imagen mental. Con ellas se puede aliviar el dolor, acelerar la curación, recuperarse de numerosas dolencias, incluida la depresión, la impotencia, las alergias y el asma. Aunque tardíamente, la visualización también ha llegado a las terapias contra el cáncer. Éstas son eficaces al menos en un 90% de los problemas de salud que aquejan a muchas personas. Así lo han demostrado numerosos experimentos.

Investigadores de la Ohio State University en Columbus (Ohio), comprobaron que los enfermos con cáncer que emplean imágenes mientras reciben quimioterapia se sienten más relajados, mejor preparados para su tratamiento y más positivos que quienes no usan esta técnica. Un pequeño estudio realizado en la Facultad de Medicina de la universidad Case Western Reserve en Cleveland (Ohio), mostró que la visualización también puede potenciar la inmunidad: siete personas que sufrían de aftas cancerígenas recurrentes en la boca redujeron significativamente la frecuencia de los brotes tras empezar a visualizar cómo las úlceras eran lavadas en un baño balsámico de glóbulos blancos.

La misma técnica también puede ayudar a aliviar los síntomas del síndrome premenstrual. En una investigación preliminar, expertos del Massachussets General Hospital de Boston comprobaron que 12 de 15 mujeres, con edades comprendidas entre 21 y 40 años que utilizaron este método durante tres meses, alargaron sus ciclos menstruales en cuatro días y redujeron un 50% los niveles de estrés y dolor asociados con éstos.

Entre los estudios que se están llevando a cabo actualmente para comprobar la eficacia de dichas técnicas figuran los de James Harper, del Lenox Hill Hospital (Nueva York), con enfermos asmáticos; los de Mary Jasnoski, de la George Washington University (Washington D.C.), sobre el sistema inmunológico y sus implicaciones potenciales en casos de cáncer y sida; y los de Blaid Justice, del University of Texas Health Sciences Center (Houston), acerca del sistema inmunológico y la calidad de vida de las pacientes aquejadas de cáncer de mama.

Estas investigaciones permiten hacerse una idea del auge actual que tienen dichas técnicas como aplicaciones médicas. Pero algo muy similar ocurre en áreas de actividad como el deporte y la educación, en relación con los niveles de rendimiento.

Todos los competidores olímpicos, llevan décadas practicándolas. En un estudio sobre 235 atletas canadienses que participaron en los Juegos de 1984, el 99% declaró utilizarlas. Sus colegas americanos también se apoyan en ellas: «No hay ninguno que no las emplee. Las practican a diario, hasta que las incorporan por completo», asegura Rebecca Smith, especialista en psicología deportiva del Olympic Training Center en Colorado Springs (Colorado).

Desde un punto de vista científico, el papel desempeñado por la visualización positiva en el atletismo es fácil de comprender: no sólo aumenta la confianza del deportista, sino que afecta directamente a sus músculos. A mediados de los años sesenta, el fisiólogo Edmund Jacobson demostró con una serie de experimentos que una persona es capaz de desarrollar memoria muscular, fortaleciéndose al imaginar que realiza una actividad física determinada. Investigadores posteriores, como el doctor Charles Garfield, han comprobado que casi todos los atletas olímpicos son «visualizadores» natos: perciben, sienten y experimentan lo que van a hacer antes de realizarlo. Y empiezan la acción con el objetivo final en la mente.

Por su parte, Michael Sachs, catedrático de educación física de la universidad de Temple en Filadelfia, explica que, aunque se hace referencia al término «visualizar», en realidad la técnica implica algo más: «Animamos a la gente a que utilice los cinco sentidos, no sólo ver cosas, sino escuchar lo que ocurre en el gimnasio, recrear los olores, el sabor del sudor en la boca, la sensación táctil de las barras metálicas. El entrenamiento mental debería formar parte de las prácticas atléticas regulares».

En el campo educativo, aunque lentamente, comienzan a ganar terreno las técnicas de introspección y meditación, imaginería guiada y ejercicios de relajación.

Pero no hace falta dedicarse a la práctica deportiva, ni ser estudiante para integrar técnicas de visualización en la vida cotidiana. Todo el mundo puede tener éxito practicándolas. Es cuestión de paciencia y perseverancia. Para empezar, la mayoría de los instructores sugieren una práctica diaria de 15 a 20 minutos.

Las investigaciones señalan que la visualización funciona mejor si se emplea en unión con una técnica de relajación. Y podemos aplicar este método en cualquier aspecto de nuestra vida. Antes de dar una conferencia, tener un encuentro difícil o hacer una venta… Sólo hay que verlo clara y vivamente una y otra vez. Michael Samuels, uno de los psicólogos más renombrados en la aplicación de la visualización, señala que «es una herramienta que se puede utilizar para vivir en armonía con nuestras visiones internas».