Sentir amor eleva el sistema inmunológico

Sentir amor y cariño, otorga salud y vitalidad!

Los beneficios ya han sido medidos y comprobados en el laboratorio. En el organismo aumentan los niveles de inmunoglobulina A (IgA), un anticuerpo que se encuentra en la saliva, las lágrimas y en otras secreciones. Esta proteína es nuestra primera línea de defensa en contra de patógenos invasores y una manera importante de medir la salud de nuestro sistema inmunológico.

En 1980, el psicólogo David McClelland de la Universidad de Harvard mostró a un grupo de personas un vídeo que lograba contagiar el cariño y compasión por los enfermos de la Madre Teresa de Calcuta. Después de haberlo visto, se midieron los niveles de IgA de los espectadores y se encontró un alza inmediata. Es decir, sentir compasión y cariño tuvo un efecto medible en su sistema inmunológico.

Posteriormente, los investigadores del HeartMath Institute, dirigidos por el doctor Rollin McCraty, repitieron el experimento para comprobar si ocurría lo mismo al autogenerar emociones de cariño y compasión —sin ningún estímulo externo que las provocara—. Los resultados fueron asombrosos: los niveles de IgA en los participantes se elevaron 41 por ciento en promedio. Después de una hora, los niveles regresaron a números normales, y a las seis horas siguientes continuaron elevándose lentamente. McCraty y su equipo también demostraron que autogenerar emociones de cariño durante cinco minutos provoca que los niveles de IgA se eleven más que al ver un vídeo de la Madre Teresa.

Una semana después —como se narra en el libro The HeartMath Solution—, a los mismos participantes se les pidió que durante cinco minutos recrearan en su mente, de la mejor manera posible, la sensación de enojo o rabia provocada por algún suceso desagradable en su vida, y nuevamente midieron sus niveles de IgA. Con el enojo, de inmediato hubo un incremento de 18 por ciento, pero una hora después los niveles de IgA cayeron muy por debajo del nivel en el que estaban cuando comenzaron la prueba. Seis horas después, los pacientes todavía no regresaban a sus niveles normales de anticuerpos. Esto significa que bastan cinco minutos de enojo para que la eficiencia de nuestro sistema inmunológico se dañe por más de ¡seis horas! Al cuerpo le cuesta mucho trabajo recuperar el balance una vez que el enojo se dispara.

Queda de manifiesto, pues, el poder que tienen sentimientos de amor, cariño y protección hacia los seres humanos o hacia los animales para reforzar significativamente nuestro sistema inmunológico, rejuvenecernos y darnos salud y vitalidad .